Habitar la Nova Rimaia

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Dissabte passat vam prendre un edifici al centre de Barcelona. Ho vam fer en homenatge al nostre amic Pablo. Vam voler encendre una metxa, reconduir la ràbia i el dolor. Ho vam aconseguir.

No és un edifici qualsevol, forma part de la nostra història col·lectiva. Va ser l’última seu de la Universitat Lliure la Rimaia, que va obrir una escletxa a la realitat d’aquesta ciutat durant uns anys. És també un gran exemple de la violència immobiliària i l’especulació en aquesta ciutat: construït fa més de vint-i-quatre anys, només ha estat habitat durant les ocupacions.

Ara que portem dies parlant de poder popular, hem d’anar més a fons si no volem que sigui una expressió més que cau en l’oblit. El poder popular és la nostra capacitat per transformar el món segons les nostres pròpies forces, necessitats i ritmes, sense esperar el permís de cap poder o institució.

Rebutgem la precarietat, els desnonaments, els reallotjaments fora del barri i els preus abusius. Rebutgem la legitimitat del propietari per seguir mantenint buït aquest edifici.

Volem crear un espai habitable. Convertir-lo en un lloc on compartir-nos, pensar la vida que volem viure i seguir conspirant. Volem fer-ho totes juntes, sense exclusions, així que hi crearem un espai infantil, on les criatures puguin sentir-s’hi bé, un espai de joc i cures.

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Espai de criança aquest matí

No hi ha comú sense desprendre’s d’una part d’allò personal i posar-la a la disposició de totes. Així que farem tot això aportant una mica de cadascuna de nosaltres. La idea és ben senzilla; fem una crida a totes aquelles que creiem en el poder popular a fer una donació a aquest espai: un armari, un parell de cadires, quatre gots, vuit forquilles, setze peces soltes d’un joc de construccions, o un llit. Objectes que tinguem a casa i ja no utilitzem o vulguem aportar per fer possible habitar la Rimaia.

Aquest espai no es nodrirà només d’objectes sinó també d’afectes, presències i temps destinat a nosaltres mateixes. Convidem a abraçar aquest nou espai traslladant-hi activitats i vida, fent un cop de mà per a convertir-lo en un lloc viu, o simplement venint a fer un tè per la tarda.

Com donar:

A) En persona: porta els objetes a l’edifici directament de 17h a 22h.

B) Des de casa: si no el pots portar pel tamany contacta via twitter (@novarimaia) o mail (rimaia@riseup.net) i passarem a buscar-lo amb una furgoneta.

Comparteix una imatge amb la teva aportació!

[castellano]

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El capital o la vida

Texto leído el 23 de febrero durante la manifestación Correscalas, delante de la Borsa de Barcelona.

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¿Por qué la muerte tiene que venir para decirnos que no podemos soportar más esta miseria?

¿Qué tiene que ocurrir para que los miedos se disipen?

Tanto da si somos 10, 50 o miles. Los capitalistas no se cuentan por número, porque sin duda perderían. Su estrategia es el control sobre nuestras vidas: poseen nuestras casas, dosifican nuestros alimentos, determinan nuestro tiempo, domestican nuestros cuerpos, deciden en qué país podemos entrar, nos hacen pagar por la atención médica y por nuestra educación. Pero ¿quiénes son? ¿Por qué sus vidas valen más que las nuestras? Sobre todo, ¿qué les está otorgando ese poder?

Tanto da si el sol se pone o se levanta. Si nacemos y morimos de la misma manera: sin haber luchado por vivir una vida digna, no habremos vivido más que en la noche. El capitalismo nos convence de que el consumo y la acumulación de objetos harán nuestras noches más soportables. Que prever el futuro vale la pena aunque hipotequemos el presente. Parece demasiado romántico esto que decimos, pero no: es necesario un grito rebelde por recuperar el día. Por recuperar nuestras horas de trabajo dedicadas a otros por sueldos miserables. Por recuperar nuestras casas entregadas a los bancos a precio de nada. Por recuperar nuestros saberes privatizados por universidades y escuelas. Por recuperar nuestros cuerpos domesticados por las leyes del Estado y la Iglesia.

Una y otra vez demostramos que sabemos organizarnos, que sabemos soñar. En las pequeñas brechas hemos sentido el aire fresco en las sienes y nos han brillado los ojos: en las huelgas, en el 15 M, tomando las calles, construyendo ateneos, soñando una vida común. Sigamos construyendo una caja de resistencia llena de alimentos, hogares, abrigos, pero también, afectos, pasiones, libertades. Hablemos. Pensemos juntas cómo hacerlo. Nosotras sólo tenemos la vida porque es lo único que queremos tener. Vivamos.

Hace dos días tomamos un edificio que ha estado vacío durante más de 22 años. Un edificio que, como muchos en esta ciudad, seguirá estando vacío para que sigamos empeñando nuestros días en pagar a propietarios. No sólo los propietarios sin escrúpulos son responsables de ello. Las instituciones y poderes públicos como l’Ajuntament de Barcelona i la Generalitat, que no arriesgan un centímetro de su sillón, son cómplices necesarios.

Liberemos el aire denso que se acumula en los edificios vacíos. Liberémonos a nosotras mismas. Luchemos por nuestras vidas.

La muerte no interrumpe nada

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Nuestro amigo se fue el 14 de febrero de 2016. Lo trajimos a La Base, estuvimos con él más de 12 horas antes de llevarlo en brazos al cementerio de Monjuïc, en una caminata de dos horas en la que participaron más de 400 personas.

(Para más información: notícia en La Directa.)

He aquí un vómito colectivo escrito a altas horas de la noche, con los cuerpos cansados y los afectos convulsos. Esto no es lo que Pablo dijo o quería, sino lo que su muerte y su vida han provocado en nosotras. Es lo que nosotras hemos escuchado y queremos compartir.

La muerte de Pablo nos apela a muchos más planos de la existencia que a la ocupación de este o cualquier edificio. Este espacio no es la salvación, no es un futuro ni tenemos un proyecto definido. Puede servir de espacio de encuentro a la llegada del CORRESCALES y de Casa de la Huelga durante estos días de Huelga, pero para nosotras es solamente una grieta abierta para abatir un mundo que se obstina en ser horrible. Para nosotras es una parte de esta convulsión espiritual que nos provoca la muerte. Es un gesto que ilumina nuestro deseo de otra manera de vivir. Donde tenemos que encontrar el valor de la compasión por nosotras mismas y por los otros.

Nuestras soledades, nuestras tristezas antiguas, nuestros miedos encuentran su propio incendio en las grietas que abrimos en el orden legal con estos gestos. Ansia  por romper la normalidad: que algo pase, que revienten las dependencias que nos ligan a la vida miserable de la metrópolis capturada por todo lo que hay que pagar y perseguir.

La construcción de una base está bien pero hay que vincularla a estas brechas. Queremos que las compañeras compartan con nosotras la pasión por vivir la rabia que este mundo capitalista nos despierta. Hay que hacer magia. Magia que convierte imágenes en realidad y que se contagia como un rumor. Como la que abre un mundo con puertas abiertas, sin paredes ni cerraduras.

Hay que luchar y dejarse la piel pero en ese camino tiene que haber espacio para la diversión. Vivamos nuestras pasiones con entusiasmo. Entusiasmo: ese espíritu que nos posee y nos hace superar cualquier obstáculo. El mundo de pronto aparece ante nuestros ojos y sólo hay que tomarlo, está al alcance de la mano. No tomarlo entonces es vivir como muerto y la vida no espera.

Estábamos intentando construir algo. Hablábamos de una comunidad, de un sindicat de barri, de espacios de encuentro, de decenas de proyectos.

Pablo ha explotado aquí dentro, y durante unos días  todos  los  proyectos productivos y las comisiones separadas se han fusionado, y  han  formado parte de la misma vida común. La cuestión de cómo  destituir la  economía para fundar una comuna tiene que ver con lo que ha  estado  pasando todos estos días. Lo que ha pasado es una excepcionalidad,  pero en el  fondo brilla una intuición que quiere orientarnos. Todas  llevamos encima  una presión cotidiana brutal, la de todas las  “necesidades de mierda”  que nos obliga a pagar el día a día. Lo que hay que hacer es ir  más al fondo de la  comunidad  que estábamos construyendo. No tenemos aún la fórmula pero creemos en nuestra potencia y vamos a  seguir experimentando.  A eso es a lo que estamos obligadas. A  encontrar maneras de ir más lejos en el comunizar todo lo que  potencialmente podríamos hacer juntas. Sostenernos, construir, pelear. La  muerte no interrumpe nada.

Hay que jugar, hay que investigar, hay que tirar el castillo de arena y volver a empezar.

Hay una canción que dice: “lo que es, es; lo que no es, es posible”. Entre todas decidimos que sí, que es posible y lo hacemos. PORQUE TODO ES COMÚN.

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Hemos  vivido esta muerte a nuestra manera. Este es nuestro luto, ahora está  vivo en nosotras.

La muerte de Pablo fue una bomba en el laberinto que nos habíamos construido nosotras mismas. Se han caído las paredes dejándonos al descubierto, desnudas. A todas las que nos hemos estado mirando en silencio comprendiéndonos, a las que nos hemos abrazado una y otra vez estos días. Pablo ha roto la parálisis que nos atenazaba.

Lo que ha ocurrido provoca en  nosotras un deseo por deshacer las instituciones y la falsa política. La que dice una cosa y es incapaz de hacerla, la que dice lo uno y después hace lo otro. No queremos lo que el Estado piensa que es posible, queremos abolir la miseria que es inseparable del Estado y sus aparatos. Los zapatistas dicen que nosotras, los y las revolucionarias, morimos para vivir. Para vivir, luchamos, porque el mundo del capital es un mundo de muerte.

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¿Por qué nos ha removido tanto? Pablo nos empujaba, su espíritu nos hacía superar cualquier obstáculo sin saber a veces ni siquiera bien por qué o cómo lo estábamos haciendo.

Le queremos dar un punto de realismo aunque lo más difícil será volver a la normalidad. Ahí hay que llevarse las armas, para seguir un camino que no es sencillo, que tiene que ver con cierta perseverancia, y con la dificultad de pensar toda la violencia y todo el amor que este mundo necesita.

¿Por qué tanta gente de tantos colores políticos estaba aquí? Se le amaba y se le odiaba, pero no dejaba indiferente a nadie. Quizá porque juntas aprendimos la alegría del vivir rebelde. Quizá algunos vivan su muerte como una derrota. Quizá  algunas sientan su vida como un triunfo.

Se lleva un trozo de cada uno de nosotras. Hay un enorme dolor en sus amigos y amigas.

Una persona tan vitalista hace del suicidio un gran interrogante. No es que su vida o su muerte tengan un carácter superlativo. Muchos de nosotros hemos perdido a seres cercanos, a amigas y familiares, y también a ellas las queremos recordar. Porque la vida es aquí y ahora. No como el capitalismo nos impone, elevando a unos amos a los que hay que pagarles cada centímetro de nuestra casa y cada minuto de nuestro tiempo. La muerte es más presencia que ausencia. Por ello Pablo y todos los que se fueron antes siguen viviendo en nosotras como un deseo de destituir la casa de los amos, de las capitalistas, de los burócratas.

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Hay cierto miedo a volver a la normalidad. Pero no es posible porque esa normalidad a partir de ahora huye, se no escapa. La muerte nos cambia. Todo sigue su curso, pero nada sigue igual: son las bofetadas de la vida cuyas cicatrices quedan. Hay cierto miedo a que la apatía y la tristeza nos inunden: el reto es reconducir estos sentimientos. Una sonrisa será mucho más importante que antes. Lo pequeño: grande, como cada cosa que nos recuerde que estamos vivas. Vivirlo colectivamente  puede destruirnos o hacernos más fuertes. Tenemos que volver a llenarnos porque nos hemos vaciado. El desafío es volver a engranar una máquina revolucionaria que estará trabajando a una profundidad mayor, más íntima.

Los ritmos de la cotidianidad nos mantenían separadas. La muerte de Pablo nos ha obligado a sincronizarnos de nuevo. No es tan importante cómo ha muerto sino cómo hemos vivido en estos últimos tiempos. Valoramos y nos duele haber dejado que la tristeza se colara en nuestra vida colectiva. Pablo ha hecho explotar ese olvido, el olvido de la sincronía que alienta nuestro corazón o nuestra vida común.

Nos ha faltado la fuerza para interrumpir la normalidad que nos separa,  la individualización que se nos impone desde que nacemos y somos educadas. Pagar el alquiler, trabajar. Prever el futuro ha ido minando el presente. No es posible vivir en un apasionamiento constante pero  que hay que encontrar la pata de cabra que abra espacios de entusiasmo.

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